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Hoy: Oct 22, 2014
Home Revistas Revista Nº 1: "Homenaje" Le Corbusier
Le Corbusier

LE CORBUSIER 

Charles Edouard Jeanneret nació en Chaux-de Fonds, una pequeña localidad del cantón de Neuchâtel, en la Suiza francesa, un seis de octubre de 1887. Su padre era pintor, artesano y grabador, como lo había sido también su padre. Su madre era músico. Ambos orientaron a su hijo en el camino del arte. Su temperamento, apasionado y combativo, también estará en deuda con esa tradición familiar: los Jeanneret habían emigrado del sur de Francia en el siglo XVI, acusados de herejes y perseguidos por la Iglesia Católica.

A los trece años, Charles Edouard comenzará sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios, como alumno grabador y cincelador. Allí conocerá a su maestro, quien ejercerá una enorme influencia en su formación: el pintor Eplattenier. Junto a él, se pondrá en contacto con las artes plásticas, por la decoración y por la arquitectura. También él lo impulsará a viajar, como parte esencial de su formación.

Muy joven, a los 17 años, recibe el primer encargo de una obra arquitectónica: el chalet Fallet, en su pueblo natal. De este primer trabajo, luego dirá:

"De los 18 a los 19 años construí muy cuidadosamente esta casa, con multitud de detalles... ¡conmovedores! Esta casa es probablemente horrible, pero está exenta de cualquier rutina arquitectónica."

Al terminarla, comienzan los viajes. Imprescindible, Italia. Luego, Budapest y Viena, donde conoce las ideas renovadoras del arquitecto Adolf Loos. Más tarde, Nüremberg, Munich, Nancy y, fi nalmente, París, donde se producirán dos enormes encuentros que marcarán su obra: Charles Edouard entra en contacto con los movimientos de vanguardia y trabaja, hasta la primavera de 1909, en el estudio de Augusto Perret, el pionero de la utilización del hormigón armado, que será su vehículo de expresión arquitectónica.

Poco después, viaja a Alemania donde se contacta con quienes serán, junto a él, las máximas figuras del racionalismo funcionalista: Walter Gropius y Mies van der Rohe.

No se detiene y continúa su trayecto visitando Europa Central, los Balcanes y Turquía. Se deslumbra con Grecia y vuelve a Italia, otra vez. Como resultado de estos viajes, publica un libro Viaje de Oriente, una serie de artículos y una serie de bocetos y acuarelas, "El lenguaje de las piedras".

Su personalidad se ha ido modelando y la huella de estos viajes, de esta etapa formativa de su vida, quedará para siempre. Para él, en esta época, la arquitectura se define desde la plástica como "el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes ante la luz".

 

Nace Le Corbusier

En 1917, Charles Edouard Jeanneret decide radicarse definitivamente en París. Allí conoce al pintor Amadée Ozenfant y comienza a circular en el campo artístico e intelectual de la vanguardia parisina: escribe artículos sobre los movimientos, lanza uno propio (el "purismo"), expone sus cuadros.

En 1917, junto a Ozenfant y al poeta Paul Dermé, funda la revista L'Esprit Nouveau. Es entonces cuando decide firmar sus artículos como Le Corbusier, nombre tomado de sus antepasados.

La revista es pronto un éxito. Al poco tiempo, también publica en ella Fernand Léger, el destacado pintor cubista.

En esta etapa, los "locos años veinte" (cuando "París era una fiesta", según Hemingway) se afirma ese nombre, su personalidad y sus proyectos: ensayos, publicaciones. Poco a poco, su prestigio escapa de los límites de Francia. Se sientan las bases de una leyenda: la de Le Corbusier, el arquitecto francés, quien cometerá así una de las mayores transgresiones del siglo (no se llamba Le Corbusier, no tenía título acreditado por ninguna institución como arquitecto y ¡era suizo!). Surgirán, entonces, sus apasionados admiradores y detractores. Si estos últimos le critican a su obra el hecho de que se ramifica, se diversifica (pintura, escultura, diseño de muebles, decoración, arquitectura, teoría urbanista, filosofía, poesía), sus defensores encuentran en él, en pleno siglo XX -era de fragmentación y especificación deshumanizada- una conciencia lúcida de las necesidades del hombre: un hombre renacentista que abarca todas las facetas con su mirada renovadora, pero lo hace desde una clara y consciente postura vanguardista. 

Le Corbusier inscribe su obra en este siglo, para los hombres. 

Rápidamente, su fama crece. Conferencias públicas en la Sorbona, en Madrid, Barcelona (donde se muestra interesado por la obra de otro grande, Gaudí), Franckfurt, Bruselas, América Latina...

Aquí, dejará discípulos y obras. En Río de Janeiro elaborará proyectos de urbanización revolucionarios y construirá el edificio del Ministerio de Educación (junto a sus herederos brasileros Costa, Niemeyer y Reidy -quienes edificarán posteriormente la ciudad de Brasilia, la nueva capital que reflejará su espíritu-). En Argentina, Le Corbusier sólo deja una obra en 1949, la casa del Dr. Curutchet, en La Plata. Viajero infatigable, "Corbu" había llegado a Buenos Aires a bordo de un zepelín, en 1929. Dio aquí diez conferencias y encontró a nuestra ciudad "sin esperanzas", desde el punto de vista urbanístico: elegante, prejuiciosa y afrancesada. Un puñado de jóvenes arquitectos, entre los que se detaca Amancio Williams, lo acompañan. Pero sus herederos más entusiastas pertenecerán a la siguiente generación, prolongando en nuestro país la es tética del maestro.

En todos sus proyectos, la prédica funcionalista adquiere cada vez más fuerza de una excusa plástica, en busca de una sintaxis ubicada más allá de todas las recetas, que el mismo Le Corbusier ha ido esparciendo. Así, en el prólogo a la tercera edición de su libro Hacia una arquitectura dirá:

"A aquéllos que, absorbidos por el problema de la 'máquina de habitar' declararon 'la arquitectura es servirse' le hemos respondido: 'la arquitectura es emocionar', y hemos sido tachados desdeñosamente de 'poetas'." 

 

La medida y el hombre: el modulor 

En 1942, Le Corbusier realiza los primeros estudios sobre el modulor, que publicará recién en 1948 y 1954. Una gama de dimensiones armónicas a la escala humana, aplicable universalmente a la arquitectura y a la mecánica. En 1946, Albert Einsten le había escrito a Le Corbusier, la misma noche siguiente al encuentro que habían tenido a propósito del Modulor: "es una gama de dimensiones que facilita el bien y dificulta el mal" (traducción literal: que complica lo malo y simplifica lo bueno).

Los últimos veinte años de su vida (Le Corbusier muere el 27 de agosto de 1965) son de grandes proyectos: construcción de Pendjab en Chandigarh (India), las unidades de habitación de Marsella y la capilla de Ron-champ (en Francia), el centro de Artes Visuales de la fundación Carpenter en Harvard (Cambridge, Massachussets), el convento de la Tourette (también en el país adoptivo de Le Corbusier), entre otros. Cada una de sus obras, una clase magistral de arquitectura. Dejará, asimismo, una enorme cantidad de proyectos y textos que mostrarán su pensamiento y su voluntad sin límites frente a la adversidad.

En 1960, había escrito: "¡Es un poco extravagante haber trabajado tanto! Trabajar no es un castigo, trabajar es respirar. Respirar es una función extraordinariamente regular: ni muy fuerte, ni muy blanda, sino constante. (...) La constancia es una definición de la vida.

La constancia es natural, productiva, noción que implica el tiempo y la duración.

Es necesario ser modesto para ser constante. Constancia implica perseverancia. Es una palanca de producción. Pero es también un testimonio de coraje y el coraje es una fuerza interior que califica la naturaleza de la existencia." 

 

Bibliografía consultada: 

- Bellucci, A. G., Breve historia de la arquitectura (siglos XIX-XX), Ed. Claridad, Bs. As., 1989.

- Chueca Goitía, Fernando, Historia de la Arquitectura Occidental V. El siglo XX: De la Revolución Industrial al Racio-nalismo, Ed. Dossat, Madrid, 1981.

- Boesiger, Willy, Le Corbusier: obras y proyectos, Edit. Gustavo Gili, Barcelona, 1991. 

 

Las Máquinas para Vivir 

En 1921, dos años después de que Gropius creara la Bauhaus, Le Corbusier introdujo en un artículo de la revista "L'Esprit Nouveau" un concepto que definía, nada menos, la reinvención de la casa: la máquina para vivir.

"Nosotros gustamos del aire puro y de la luz a raudales... La casa es una máquina para vivir, baños, sol, agua caliente y fría, temperatura regulable a voluntad, conservación de los alimentos, higiene, belleza a través de proporciones convenientes. Un sillón es una máquina para sentarse (...) Los lavabos son máquinas para lavar (...) Exceptuando la hora de la manzanilla o de la tila, nuestra vida moderna, el mundo de nuestro quehacer ha creado sus cosas: la ropa, la estilográfica, la cuchilla de afeitar, la máquina de escribir, el teléfono, los maravillosos muebles de oficina... la limusina, el barco de vapor y el avión."

Le Corbusier demostró cómo llevar a la práctica el principio industrial a un marco de creación:

 

  • En 1914, el concepto de casa Dominó: una sucesión de pilares y techos regularmente dispuestos formaban un esqueleto que, mediante la disposición de las paredes, permitía innumerables variantes dentro del mismo sistema de construcción.
  • En 1920, las casas Citrohan: dos paredes maestras limitan las caras longitudinales de un rectángulo; en el medio, se abre en amplios ventanales, completándose con escaleras externas.
  • En 1922 publica el proyecto de una nueva ciudad (Une Ville contemporaine):donde la simetría central organizaba la vida social y comercial, armonizándola con espacios verdes.
  • La única base válida para una arquitectura en correspondencia con el mundo preciso de las máquinas era, para Le Corbusier, la geometría. Arquitectura a la que definía como "juego -artístico, oportuno y magnífico- del volumen reunido bajo la luz". En 1927 formuló una estética fundamentalmente nueva, un programa que abarcaba cinco puntos:
  • pilotes
  • jardines en el tejado
  • libre conformación de la planta
  • ventanales continuos
  • libre formación de la fachada.
  •  

    El Hormigón Armado 

    Le Corbusier contó la siguiente historia: "En la Escuela de Bellas Artes de París, en 1909, el profesor de Obras Públicas había caído enfermo, razón por la cual lo sustituyó el ingeniero-jefe del Metro. Cuando anunció su intención de tratar en sus lecciones las posibilidades del hormigón armado, los alumnos, indignados, lo abuchearon. Para la arquitectura de la época, el hormigón era un material con el que podían construirse túneles, muros de contención y plantas industriales, pero jamás obras "serias y artísticas".

    Ya en 1837, el inglés J. B. White había construido una casa totalmente en hormigón, pero el triunfo comenzó con el invento del jardinero Joseph Monier: combinó hierro con una masa fluida de cemento, surgiendo así una cohesión interior de carácter orgánico.

    En 1905, Auguste Perret fundó con sus hermanos una empresa especializada en obras de hormigón. En ella, supieron aprovechar las posibilidades constructivas del hormigón para hacer edificios especialmente económicos, ricos en soluciones de detalle y proporciones equilibradas. Allí se formó el joven y curioso Charles Edouard Jeanneret, durante sus primeros viajes a París, quien hallaría en las posibilidades de este material, el vehículo adecuado para las nuevas y revolucionarias teorías arquitectónicas que desarrollará, más adelante, Le Corbusier.

     

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